Eso de besar con la lengua a un fantasma que se bifurca en diversos entes para atrapar borregos para su rebaño, que viste de negro a sus árbitros y que en las noches se amamanta del pezón de una virgen, resulta a todas luces grotesco.
También creo que las orgías de ángeles y demonios para un Diablo vouyerista son tan grises como un poeta que camina despacio y pretende llevarse al mal con el alegre sonido de su flauta.
Y peor creerle.
No lo tomes a mal, Jesús.
El asunto de la cruz y los romanos fue algo exageradamente salvaje, pero que a fin de cuentas te merecías por todo el mal que causaste en alguna escandalosa vida anterior.
Y así firma su diario el espíritu de un Judas arrepentido, que bendice la guía de una Biblia negra creada para esparcir el fin de los tiempos y el comienzo de los nuevos días.
Por eso, aquí, ya nadie cree en apariciones maliciosas de profetas que dibujan su rostro en una tortilla dura.