viernes, enero 22

Cuento

Aquel era un señor que había tenido muy malas experiencias utilizando autos de alquiler. Taxis, para ser más preciso. Huía de ellos cada que podía, salvo cuando el tiempo le ganaba y tenía que tomar alguno. Diseñó unas tarjetas, de material adherible, que podía dejar pegadas en las puertas de los vehículos al abandonarlos, luego de despedirse amablente del chofer de ocasión. Si el viaje le había resultado placentero, la etiqueta que dejaba tras de si era una oda al buen manejo, en letras grandes, tipografía Impact, quedaba plasmado un: TAXI RECOMENDADO - Este auto llevó a su destino a un emocionado y agradecido cliente. Buen manejo, decencia implacable, limpieza absoluta, timing exacto.
Dos niveles más de calificación existían para cuando el viaje era, o extremadamente malo, o regularmente placentero. El mediano, recomendada abordar con mesura la unidad; mientras que el más terrible, dibujaba en letras rojas una enorme: ADVERTENCIA - El conductor de esta unidad es una persona irresponsable. Muy malo para manejar. Papelas del auto no parecen estar en regla, asientos descuidados, PELIGRO INMINENTE de choque y desgracia. La gente, antes de abordar, notaba las etiquetas y decidía en base a ellas el futuro de su viaje. Máxima utilidad.
Eso era el pan de cada día para aquel señor. Y fue feliz hasta el día que abordó aquel otro taxi, de aquel otro señor, con aquel otro sistema para descalificar pasajeros, preferentemente bien portados, a quienes odió desde el día que una enorme etiqueta color rojo, le evitó ser el afortunado ganador del bono que daba la empresa aquella navidad.