Y sucedió que un día, todos los cuentos felices del mundo terminaron mal. A la vuelta de la esquina quedaron los vendedores de sueños, los destripadores de alhajas, los cuentacuentos modernos que se habían quedado sin imaginación. Y entre todos, el otro yo de cada quien, difuminándose en deseos mal formulados, en papelitos guardados en pequeñas cajas de cartón. Tú sabes, deseos enjundiosos de un año mejor caminado.
Sin saberse todavía muerto y agitando las cortas alas en la espalda, aquel dragón escribió:
Había una vez...
Sin saberse todavía muerto y agitando las cortas alas en la espalda, aquel dragón escribió:
Había una vez...
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