lunes, diciembre 12

Pronto

Una noche cualquiera, el sol se cansará de tener bajo su sombra a tanta estupidez humana. Así, como el foco del alumbrado público de una calle del barrio, se apagará. Como las vidas de los inocentes. Como la música. Como la cordura. Y en el silencio y la oscuridad quedará la palabra escondida hecha voz. Grita, o aprende a hacerlo, que lo necesitarás, y pronto.

miércoles, diciembre 7

Lo que se escurre por la ventana es algo más que miradas,
derrotas,
desamores,
tristezas,
melancolías,
colores,
esperanzas,
sueños,
sabores,
risas,
encuentros,
despedidas,
mañanas,
tardes,
noches,
besos,
y nadie hace una maldita cosa al respecto.

jueves, octubre 20

Para considerar



Podría, de vez en cuando,
salir volando por esta ventana que me vigila.
Unirme al aullido de perros, de ambulancias, de locos,
y romper el viento en un ulular sin sentido.


Podría, a veces,
Robarte el beso que piden tus labios de fuego,
salir volando por esta ventana que me sueña
y romper los trazos de realidad que son el engrudo que le da forma
al mundo.


Romper el viento como un maullido de gatos haciendo el amor.



lunes, agosto 8

Extracto de la otra Biblia

Encuentro perverso eso de que se enamoren de Dios.
Eso de besar con la lengua a un fantasma que se bifurca en diversos entes para atrapar borregos para su rebaño, que viste de negro a sus árbitros y que en las noches se amamanta del pezón de una virgen, resulta a todas luces grotesco.
También creo que las orgías de ángeles y demonios para un Diablo vouyerista son tan grises como un poeta que camina despacio y pretende llevarse al mal con el alegre sonido de su flauta.
Y peor creerle.
No lo tomes a mal, Jesús.
El asunto de la cruz y los romanos fue algo exageradamente salvaje, pero que a fin de cuentas te merecías por todo el mal que causaste en alguna escandalosa vida anterior.
Y así firma su diario el espíritu de un Judas arrepentido, que bendice la guía de una Biblia negra creada para esparcir el fin de los tiempos y el comienzo de los nuevos días.
Por eso, aquí, ya nadie cree en apariciones maliciosas de profetas que dibujan su rostro en una tortilla dura.

martes, mayo 31

Viernes de pelea

El caos por las reparaciones en avenida Morelos cumple una semana más. A mi regreso de la única tienda accesible a través de las banquetas destrozadas, encuentro el tránsito detenido y una bola de curiosos haciendo rueda. En el centro, uno de los trabajadores de la construcción esquiva los torpes golpes de un borrachín conocido de la ciudad. Es un indigente que suele encontrarse tirado por alguna calle, descalzo, sin camisa y con una botella de mezcalito tirada a un lado, siempre dormido. Alguien debe haberle interrumpido el sueño para verlo defenderse de aquella manera. Se mueve de un lado a otro –tambaleante- mientras con una técnica poco digna lanza jabs tratando de golpear a su oponente. El albañil recula y se aleja de los puños del ebrio entre las risas de los espectadores: automovilistas, trabajadores, peatones, un policía de tránsito y burócratas despistados que mantienen la forma perfecta de aquel coliseo romano de carne y hueso.
En una banca sobre los escombros imagino al Dr. Morales gritando: ¡no pierda de vista la mano izquierda del teporocho! Con el calor infame de las dos de la tarde se escuchan los gritos de quienes dicen que “ya estuvo”, “ya déjalo” y un ensordecedor coro de cláxones que urgen a los artistas terminar el pleito. El “maistro” decide dejar en paz al King Mezcal y de un empujón casi lo tira al suelo, humillación que arde en el orgullo del vagabundo que con energía renovada y una habilidad bien oculta tras la mugre, propina un gancho de izquierda a la zona hepática del infortunado alarife quien cae al asfalto haciendo un gesto de dolor, y entre la risa de los testigos se escucha a un cábula que inicia la cuenta de rigor: uno… dos… tres… cuatro…

viernes, mayo 27

Otro mundo

Lo que había en el otro mundo estaba por ser descubierto. El cuarto se iluminó y el anciano supo que a través de esa ventana viajaría a la redención. No más purgatorio. Recordó el dolor, todo el tiempo perdido, y suspiró como quien sabe que viene una nueva época de paz. Se dejó llevar por la luz y siguió el camino hacia lo desconocido.

En el sótano de una casa abandonada, dos muchachas reían nerviosas y posaban con suavidad sus manos sobre el tablero de aquella güija.

-¿Crees que funcione? –Dijo una de ellas.

-Ya lo hizo. –Respondió una voz de viejo demonio.

jueves, marzo 17

Todo se ha vuelto a marchitar

Eso de que todo se ha ido al carajo,
que hemos perdido el milenario control sobre las banquetas,
la música húmeda del bosque,
el arrullo de la tempestad,
la intensidad de los piquetes de moscos suicidas que nada les importa,
la continuidad de las olas del mar Caribe.
Todo es cierto.
Todo se ha vuelto a marchitar. ¿Sabes?

La luna con su conejo clonado,
los espejos con imágenes dispersas, falsas,
los tonos azules de los libros que se mueren en las esquinas,
letras prostituidas al mejor postor,
es que se mueren, ¿lo ves?

Las parcelas de jazz en el limbo,
el rock & roll en el ápice de un acantilado voraz,
el blues en tus ojos de lluvia,
las esferas con ciudades dormidas gritando revolución,
la estampida de versos por la tenue curva de tu espalda prohibida y aquellos gritos unánimes de pueblos con hambre de libertad.

Un dios sentado al piano tocando melodías tristes,
canciones para escapar y nunca volver.

Todo se marchita,
tan lento como la espera de los ángeles que se brincan la barda para irse a bailar,
como los panteones que se llenan de vivos,
ofrendas y canciones;
tan despacio,
casi tan suave como el grito de los nuevos fantasmas del pueblo,
como nuestros viejos que se evaporan de melancolía y velan,
duermen, lloran por la leva que se llevó a los hijos,
cansados de siluetas dibujadas con gis en las calles de la ciudad.

Todo se ha jodido,
las miradas se pierden en los falsos diamantes del mercado,
la muerte florece de noche y alardea de su nueva sensualidad,
y todas las estatuas de sal se marchitan mirando al pasado.

Caemos por las serpientes y no hay escaleras que nos quieran salvar.

Ha de ser esa época: tomar un bando o saltar: ¿diablos o querubines?

Soñar retazos de poesía o morir. Levántate y anda, Lazarito.

Y es que todo se ha vuelto a marchitar,
pero llueven sinfonías y crecen luces en el cerro.

Dime…
¿Acaso sueñas?
¿Acaso bajarías el puño cuando llegue la hora de pelear?
¿Acaso tienes miedo de despertar?

Si estás conmigo, yo no.

miércoles, enero 12

...

Yo no me canso de creer en tí, bufón. De preguntarme qué carajos hacías cuando inventaste el mundo.
Y te imagino, sonriente el día que de tus ojos nacieron la lluvia y la tristeza.
Cómo ibas a saber que cosas así nos romperían el corazón.
Cómo podías saber que lloraríamos la muerte de un ser querido y vendríamos a pedirte explicaciones, Dios.
Cómo ibas a saber que cosas así nos romperían el corazón.

Ya no te mires al espejo buscando explicaciones; se trata de morir. De soñar con tres días de luto que se conviertan en esperanza. Que el rey de reyes venga a salvarte -a salvarnos- de todas las injusticias y las estupideces que escribimos en los periódicos.

¿De qué se trata?

Sabe.

sábado, diciembre 25

Otro día de navidad

El día de navidad ya no era tan especial en la vida de don Nicolás. Ahogado en alcohol, alrededor de las ocho de la noche yacía sentado en el porche, mirando a lontananza con la mente perdida en un juguete que nunca podía entregar. Como cada año, los problemas de ciática le habían acarreado no poderse lanzar al vacío por aquella chimenea en la calle 33. Fiel a su costumbre, intentó con los métodos ensayados durante un año entero pero, ni la cuerda mágica, ni los alambres chinos ni el maravilloso láser colocador le habían ayudado en su tarea. Le molestaba haber entregado autopistas, bicicletas, nintendos y demás porquerías estorbosas a través de ventanas, hoyos, letrinas y hasta rejas de condominios del Infonavit, todo sin los mayores problemas salvo aquel singular regalo, empolvado y un poco pasado de moda que cargaba en un costal especial. Así que bebía hasta caer rendido, con el gorro rojo tirado a un lado, y despertaba con los ojos rojos de tristeza y lloraba otra vez, vomitaba los restos de leche y galletas para luego irse a dormir, soñando con una oportunidad más.
Igual que siempre en este día, un pequeño lloraba mirando su árbol lleno de juguetes de lujo. Lo más nuevo del mercado y todo lo que Chabelo le había presumido en la catafixia. Pero lloraba. Y se iba con las manos llenas de obsequios a jugar solo a su cuarto. Como cada año, soñaba con otro día de navidad para que un viejo Santa vestido de rojo lograra llegar hasta la base de la chimenea en aquella casa de la calle 33 y pudiera darle al fin aquel prometido regalo. Una vez más, escribía una carta donde vertía todos sus sueños e ilusiones pidiendo la única cosa que no podía tener.
También el señor Claus lloraba con amargura siempre que releía la carta que al calce decía: Querido Santa, este año quiero...

lunes, noviembre 8

Idealismo

El barco que zarpa todos los días de la esquina de esta calle, ha sido rebautizado con el nombre de idealismo. Le han roto un libro en la proa, machacado las ubres con tinta roja y encima le han echado un enorme cordón umbilical (sugerencia de los niños del pueblo).

Toda nuestra suerte depende ahora del día en que se decida en cuál de los trece mares lo hundirán. Si viajaremos en parejas en el arca, si tomará un nuevo horario nocturno, si acaso se llevará los ojos de nuestros viejos para venderlos a los gigantes que habitan las bibliotecas.

Yo tengo cierta fe en la costumbre de arrojar políticos a la hoguera. ¿Qué más da si nos tachan de intransigentes, de reincidentes, de rebeldes sin causa, de locos abordando un barco que los lleve lejos de la razón?

jueves, agosto 26

Lo malo es que esta violencia aprende a existir entre nosotros. En los intervalos que hay entre cada segundo, entre cada noche, entre cada noticia y entre cada grieta de las banquetas de la ciudad.
La nota roja se ha mudado de sección.

sábado, julio 24

Voy a hablar de la esperanza

Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.

Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.

Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!

Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.

César Vallejo

lunes, julio 5

Cierto mundo

Tengo entendido que en ciertos mundos (benditos sean), impera invariablemente la locura. Si alguien cae desde una banqueta lo natural será que sea teñido de verde, dibujado en tapices y mostrado al pueblo como ejemplo de todo lugar común. Allá, si acaso, los abogados se sentirán obligados a reunirse con la familia para una agradable tarde de té. El hombre verde, el pobre hombre verde marcado de por vida, tendrá por tarea la distribución de violines a las más altas esferas de la sociedad. Terrible castigo. Cargar pasto y lunas en la espalda, violines, y crayones para colorear.

martes, junio 29

en el silencio de tu espalda, el grito de tus muslos, la soledad de tu cuello, la libertad de tus senos, la fuga de tus pies, la cárcel de tu lengua enmarañada en la mía, el grito de revolución que son tus gemidos y todo el mundo creado a partir de un orgasmo súbito, eterno...

martes, mayo 11

Todo

Sucede que ni las alas, ni los besos, ni bajar por la banqueta son sucesos que se repitan fácilmente. Todos, son mágicos y azarosos sucesos, pequeñas fábulas dignas de contarse como inolvidables. Por ejemplo tus pies, la lluvia, un piquete de alacrán o morir de celos. El sudor que recorre la espalda en días calurosos como ayer, la sonata desafinada en el radio o el pequeño vórtice de hojas que se forma por el inesperado viento que comienza a azotar la ciudad. Un vistazo a un bosque de columpios, tres orgasmos en viernes, una película donde todo sale mal y el moderno líquido que usamos para quitarnos las bacterias. Todo viene y se va, cursimente, arbitrariamente, inesperadamente, como un poema, un guiño, una luz roja o el grito de un niño ante la sorpresa que se le ha caído el pantalón.

viernes, abril 30

...

Ella regresó a mi vida una noche lluviosa de jueves, tan cansada como un peregrino en el camino de Santiago. Sus ojos seguían siendo tan verdes como el césped del jardín de mis sueños, pero la tenue sonrisa dibujada en su rostro había perdido la llama que vestía a sus labios como antesala de los más dulces infiernos para calmar mi sed.
Había en su rostro algo frío, una especie de cierzo silente, un velo adormecido como estatua dormida en el templo de Afrodita. Sin saberlo, su regreso era para mí como un boleto dorado para la salida del purgatorio, único e intransferible, y el mismo instante en que la observé caminar por las calles empedradas de nuevo, noté a su paso renacer los bosques tan altos como un Kraken recorriendo la ciudad.
Ella fue fugaz como la tormenta, luego guardó silencio como en el principio de los tiempos, marchándose, y con palabras heladas como su añorado mar, suspiró el adiós definitivo a mis oídos, caminando delante de mis ojos congelados, mirándola mudos, como dos viejas y olvidadas estatuas de sal.

lunes, marzo 22

De cuando mueren las estrellas

Todo lo que alguna vez hayas visto.
El polvo desnudado por el sol.
La tarde de olor a tierra mojada.
La noche, la lluvia de alfileres, el cielo debajo de su falda.
Todo lo que alguna vez hayas sentido,
la lengua de una serpiente en tu piel,
el sexo de una diosa en tu espalda,
sus senos, sus pezones, su humedad,
toda ella dispersa e inventada en un poema,
el sonido estruendoso de una risa en el silencio,
y la torpeza de las montañas desquebrajando al horizonte,
la tristeza de las olas del mar, muertas en la playa,
el grito, de cuando mueren las estrellas,
la caída, la inevitable caída de dios,
el estallido de los cuentos con historias sin final.
Y todo es, todo será, todo alguna vez fue soñado.
Todo, hasta tú. Incluso yo.
Incluso hoy, mañana, después,
el infierno, las tiendas, el helado de chocolate,
la miel, las abejas, el color verde aguacate,
todo son esquirlas, muertes y violencia sin fin,
aquí,
allá,
entre este cementerio de luces.
Todo fue.

martes, febrero 2

Silencio

Silencio para las palabras huecas. Silencio, por el bien de todas las cosas buenas que habrán por venir, incluso si vienen en forma de apocalipsis, escrituras de profetas perdidos, o anuncios de amor perdidos en la sección del clasificado. Silencio para soñar. Y gritar, otra vez.

viernes, enero 22

Cuento

Aquel era un señor que había tenido muy malas experiencias utilizando autos de alquiler. Taxis, para ser más preciso. Huía de ellos cada que podía, salvo cuando el tiempo le ganaba y tenía que tomar alguno. Diseñó unas tarjetas, de material adherible, que podía dejar pegadas en las puertas de los vehículos al abandonarlos, luego de despedirse amablente del chofer de ocasión. Si el viaje le había resultado placentero, la etiqueta que dejaba tras de si era una oda al buen manejo, en letras grandes, tipografía Impact, quedaba plasmado un: TAXI RECOMENDADO - Este auto llevó a su destino a un emocionado y agradecido cliente. Buen manejo, decencia implacable, limpieza absoluta, timing exacto.
Dos niveles más de calificación existían para cuando el viaje era, o extremadamente malo, o regularmente placentero. El mediano, recomendada abordar con mesura la unidad; mientras que el más terrible, dibujaba en letras rojas una enorme: ADVERTENCIA - El conductor de esta unidad es una persona irresponsable. Muy malo para manejar. Papelas del auto no parecen estar en regla, asientos descuidados, PELIGRO INMINENTE de choque y desgracia. La gente, antes de abordar, notaba las etiquetas y decidía en base a ellas el futuro de su viaje. Máxima utilidad.
Eso era el pan de cada día para aquel señor. Y fue feliz hasta el día que abordó aquel otro taxi, de aquel otro señor, con aquel otro sistema para descalificar pasajeros, preferentemente bien portados, a quienes odió desde el día que una enorme etiqueta color rojo, le evitó ser el afortunado ganador del bono que daba la empresa aquella navidad.

jueves, enero 21

Pienso

Creo que en estos días de bacterias rojas, temblores y mareas amarillas,
hay que evitar a toda costa convertirse en una estadística.
Pero sencillamente, a veces vale más ser una de esas estadísticas de las que casi nadie quiere leer.
Hay que evitar, en todo caso, pintarse de colores,
sobre todo a rayas, sobre todo a rayas blanco y negro.
Preferible andar descalzo,
limarse los miedos,
mirar Dr. House o esperar que pasa con los que nada pasa de Lost.
Asomarse al facebook o twittear,
admirar los libros nuevos sabrosos en el librero metálico desabrido.
El rompecabezas,
la música de rock,
los estruendos de un gol de la selección mexicana ganando el mundial en pantalla panorámica de veintisietemilpulgadas.
Las cosas no tan sencillas pues,
ni tan torpes como desaprender a andar por la banqueta,
llorar en horas de oficina,
poner papelitos en la taza del baño y sentarse a disfrutar la salida de políticos que se ahogan cayendo desde mi aflojerado culo.
Interpretaciones sencillas de la mala moral,
trova y rock pesado camino a casa.
Letras medio libres para aprender a escribir mejor,
olvidar a escribir y luego que alguien nos enseñe el camino a las magazines con un pie debajo de la banqueta y otro por encima de los árboles.
Tanto sexo oral que siempre haga falta más.
Para ti y para mi los orgasmos,
paletas de sabores,
nieves de capuchino,
palomitas y refresco con chocolate de regalo,
nachos,
luces,
semanas,
más viernes,
menos lunes,
menos hijos de puta en el gobierno,
menos soledad para los que no saben que hacer con su tristeza.

miércoles, diciembre 23

Luego, me encuentro en la bolsa del pantalón ciertos instantes de esos para voltear a ver el cielo, reír, suspirar, caminar.
Y salir rumbo a la terminal de autobuses a comprar un boleto para buscarte en tu enorme ciudad.

jueves, diciembre 3

Trinchera

Hallar la manera de escapar
reptar de tus piernas al sillón y verterme sobre el suelo rojizo
mirar al sol de imágenes coloridas y seguir el norte
descubrirme perdido en el desierto sólo para hallar un oasis de ti.
La luna atada al techo suspira soñando con el mar que se acumula en la tina
Los libros en las cajas de cartón gritan pidiendo libertad
Alzan bandera de negro y huelga
¡No más letras a los herejes!
No más espejos al sexo y la vanidad.
Resbalo y soy un ratón cíclope parpadeante
congelado ante la caja blanca y herido en sus ríos de sal
alzo el vuelo, avión de papel recorriendo la sala
y yo que me exilié tan lejos de tus piernas,
reclamo el trono cayendo en picada desde un foco vengador
en caída libre a tu ombligo, escondite de azúcar
trinchera perfecta para volver a atacar
al haz de luces que se esconde en tus labios color marrón.

lunes, noviembre 16

Cuéntame una de esas historias donde termino muerto sobre tu piel.
Cuéntame de la tristeza de los liberales, de los idealistas, de los poetas que dejaron de escribir cuando sospecharon de la lluvia de plástico que caería mañana.
Cuéntame, si puedes, una historia de esas donde termino muerto sobre tu piel.
Y luego revivimos.

jueves, noviembre 5

Asterión

Debo quedarme acá, sin ti,
y mientras relamo mis heridas,
asomo a la ventana suroeste del laberinto buscando algún dejo de ti.
Ya que te has ido,
me desvanezco en sombras,
arranco tu nombre de cada pared,
pero son miles,
desvelo a la noche odiándote,
odiándonos,
percibo el día de tu regreso,
el cierzo,
tu sangre congelada,
y atisbo el día de mi muerte,
mi muerte real,
no tan dolosa como esta que ahora me mata,
me vuelve indeseable, translúcido,
y me grita al oído que todo fue un sueño:
Ariadna nunca fue tuya Asterión.
Día gris en la oficina, rectángulos y notas a pie de página,
sonidos de calle, sirenas, patrullas,
Teseo andando despacio,
entrando al edificio de la calle de Creta,
pisando seguro el primer escalón.

Ni nada de malo que tiene

No, eso no tiene nada que ver conmigo - me digo suspirando mientras veo fotos de otros, de otras, cosas, quiero decir, que no tienen nada que ver conmigo. Carnes asadas, visitas guiadas, el gran cañón, las vegas o nueva york, me son increíblemente ajenas. Y es que pocos comprenden porque aprendí a manejar pasados los veinticinco, porque nunca he podido nadar, hacer artesanías o montarme en un cohete y largarme a la chingada. No soy uno de esos que creció viendo a su papá cocinando hamburguesas en la terraza, ó costillas a la mostaza ó carne asada nomás porque vinieron los compadres.
No, eso no tiene nada que ver conmigo.
Yo soy de los otros.
Los del papá que se encabronaba con los reclamos de la mamá cuando no alcanzaba para pagar la renta, la comida, la ropa, los lujos, el cine, los libros, la escuela privada, y un largo etcétera de cosas que faltaban porque así nos había tocado vivir. Nada del otro mundo, supongo.
Pero no, eso no tiene nada que ver conmigo.
Ni nada de malo que tiene.
Ni nada de malo soñar con un viaje a new york.